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lunes, 5 de octubre de 2009

Como cuando te quedas con un sabor amargo por último en la boca

Confiaba en conocer éste fin de semana Amberes, o Antwerp en Neerlandés, y me he quedado con las ganas y los pies fríos.

He soportado más de dos horas en coche, de autopista y vacas a ambos lados, de atascos en los que no ves el primer coche por delante ni el último por detrás, y todo... para quedarme con sabor a limón y nuez en la boca. Un sabor agridulce y reseco que me dice que quiere volver, que hoy no deberíamos haber vuelto tan pronto.


Por lo pronto, me llevo en el bolsillo algo de chocolate belga, algunos déja vus, y muchas imágenes con las que poblar mis próximos sueños, o incluso reconocer algunos del pasado... Siempre tuve algo de brujita...

Otra vez será.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Düsseldorf

Hoy decidí que, aunque no tuviera compañía, sí tenía por delante un día entero libre para mi uso y disfrute, y decidí cogerme de la mano con Düsseldorf y pasear con ella teniendo un primer contacto, y quién sabe si el principio de una bonita amistad. La verdad es que la relación promete.



Con un cielo azul de cuento, una temperatura similar a la de cuando la primavera comienza a parecerse al verano, y la cámara cargada y en mano, me he dispuesto a conseguir un mapa, y recorrer las calles, ávida de imágenes nuevas. La ciudad no se ha hecho de rogar. En cada calle, al doblar una esquina, al cruzar un puente, un semáforo, incluso cuando me acercaba a una papelera para tirar algo (que los alemanes son muy limpios!), allí había algo que ver, algo sorprendente, quizá nostálgico, melancólico, divertido, hermoso, limpio... algo que mi retina se encargaba de grabar, y mi cerebro de procesar, mientras mis manos se lanzaban a disparar foto tras foto de agua, aire, cielo, luz, piedra, historia... Magia.


Ésa especie de ángel que se te mete por debajo de la ropa, haciendo que se levante un poquito, sin dar frío, pero poniéndote los pelos de punta, y se va corriendo por las calles, cruza los puentes contigo, y juega a escapar entrando y saliendo por entre las miles de ventanas de los edificios Gehry. Y paseando por la Königsalle, mirando hacia Tiffany & Co e imaginando una escena de película llevada a la realidad. Y en los radios de las bicicletas encadenadas de cualquier forma a las barandillas de hierro forjado de los puentes. Y en las esferas de cristal de las farolas hechas en la época de la 2ª Guerra Mundial (igual que la gran mayoría de estaciones de tren antiguas). Y en la superficie de las piedras de las estatuas, o el metal que las forma siendo ése el caso. Y rozando acero y vidrio en las fachadas de los edificios de oficinas modernos y aerodinámicos. Y entre las plumas revoltosas de los patos del río, que nadan y pescan sin darse cuenta. Y bajo las sombrillas de las terrazas de los biergartens que aprovechan los escasos días de pleno sol y buen tiempo de la temporada, antes de que sean sustituidos por lluvia, nieve y heladas. Y ondeando sobre la punta de la Rheinturm cual bandera no autorizada. Y susurrando entre los amarres de los barcos del puerto, curioso curioso como puerto que no es en mar, sinó en río. Y sentándose durante sólo un segundo en los bancos de madera en los que descansan los paseantes a ambas orillas del río, aquí una pareja joven que se besa, aquí unos padres ilusionados con su primer hijo, aquí un matrimonio mayor que se hace fotos mútuamente, que después enseñarán a sus nietos con orgullo.

Encantada de conocerte, Düsseldorf. Volveremos a vernos muy pronto!

martes, 26 de mayo de 2009

La casa de las paredes entramadas


O Fachwerkhaus.
Literalmente quiere decir casa de obra especializada.
Aunque cuando yo las veo, creo que hay mucho más detrás de la arcilla y la madera.

Éstas singulares casas o edificios pueden encontrarse en cualquier pueblo del país, e incluso en las grandes ciudades como Frankfurt. En su exterior se caracterizan por estar formadas con madera y barro, con lo cual uno puede caer en el error de pensar que no se diferencian en nada de las casas a las que estamos acostumbrados... Pero no es así. Éstos edificios tienen algo especial. Tienen a su alrededor un aura como de fábula o cuento de hadas y brujas y bosques encantados, mezclados con un olor intenso a historia, que muchas veces si llegas a escucharla te cuenta cómo sobrevivió a la 2ª Guerra Mundial... Quizá incluso te confiese que en su gran parte fue mutilada y posteriormente le volvieron a coser los miembros, quién sabe.

Sus constructores juegan a multiplicar las posibilidades de disponer los listones de madera del entramado, y aunque a simple vista puedan parecer todas iguales, en realidad es todo lo contrario.

Cada vez que me topo con una de éstas casas de (casi) incomparable encanto, - y digo casi, así con la boca pequeña, porque mis raíces invitan a mi memoria a pensar en los cottages ingleses y en las fincas mallorquinas que tanto adoro- mis dedos se abalanzan sobre mi cámara ávidos de capturar toda su esencia. Y aunque sé que es prácticamente imposible, sigo encantada de perderme por callejuelas para encontrarme con éstos tesoros y seguir intentándolo.
Supongo que habrá quien esté pensando en lo mucho que se parecen a sus primas-hermanas las casas de estilo Tudor de Inglaterra, y sí, así es. Para muestra, un botón. De hecho ambos tipos pertenecen a lo que se conoce como construcciones con vigas de madera a la vista, en alemán Fachwerk y en inglés Timber Frame.