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martes, 6 de octubre de 2009

Me dejo secar la laca de uñas...

... y mientras, también dejaré reposar mi corazón en amor, para que se empape bien, como una bolsita de té. Dejaré que el tiempo corra por encima de mi piel, a contrarreloj, porque qué sentido tiene intentar atraparlo o siquiera alcanzarlo, si no vas a disfrutarlo porque ya se escapó volando. Dejaré que tus manos se encuentren con las mías, y se desencuentren, tantas veces como quieran, pero siempre acabaré cerrando los párpados cerca de tus labios. Dejaré que no mis pies, sinó las calles me recorran a mí, que yo ya las he recorrido a ellas muchas veces. Dejaré que me descubran. Dejaré todo ésto pasar, durante una semana exacta, en la que te encontraré y te echaré de menos tan deprisa que no me dará tiempo a pararme y analizarlo.






Y todo éso lo pienso, mientras me dejo secar la laca de uñas de color morado que me compré la semana pasada...

lunes, 5 de octubre de 2009

Como cuando te quedas con un sabor amargo por último en la boca

Confiaba en conocer éste fin de semana Amberes, o Antwerp en Neerlandés, y me he quedado con las ganas y los pies fríos.

He soportado más de dos horas en coche, de autopista y vacas a ambos lados, de atascos en los que no ves el primer coche por delante ni el último por detrás, y todo... para quedarme con sabor a limón y nuez en la boca. Un sabor agridulce y reseco que me dice que quiere volver, que hoy no deberíamos haber vuelto tan pronto.


Por lo pronto, me llevo en el bolsillo algo de chocolate belga, algunos déja vus, y muchas imágenes con las que poblar mis próximos sueños, o incluso reconocer algunos del pasado... Siempre tuve algo de brujita...

Otra vez será.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Vacaciones en Mallorca


Mi isla, mi refugio, donde reside mi alma. Pienso en Mallorca y me viene a la mente una imagen de mí misma, desayunando frente a la bahía de Palma mientras el sol se despereza sobre el puerto. 3 semanas pueden ser muy largas, muy intensas, y a la vez muy cortas. Día tras día de sol y playa, charlas necesitadas desde hace meses, abrazos de reencuentros, la shandy en una mano y algo q leer en la otra, despertarme y quedarme en la cama viendo como amanece sin ninguna prisa por salir de allí, noches largas q dejan cicatriz al día siguiente, recorrer mis viejas calles con ésa expectación que crece frente a lo ya conocido, pasiajes mediterráneos desde una ventanilla de un avión cualquiera, y ésa sonrisa que se dibuja en mi boca sin que yo haga nada por evitarlo.



Podria decir que he estado descansando, pero diría una mentira, ya que de entrada tampoco es que me deslome trabajando aquí en Alemania. Sin embargo, vuelvo con la sensación de que sí he descansado: he descansado en casa. He pasado horas tirada al sol, sin nada de qué preocuparme, una toalla y David son mi mejor compañía. He tenido todas aquellas conversaciones interminables que me prometía a mí misma y a mis conversadores, y de todos los tipos a imaginar: conversaciones de día, por la tarde, de noche, en medio de la oscuridad entrelazados, o caminando por algún paseo tratando de arreglar el mundo sólo con palabras, conversaciones que untar en las tostadas del desayuno, conversaciones calladas frente al mar con una cerveza en la mano, conversaciones histéricas y frenéticas de no ver a alguien en lo que acaba pareciendo mucho tiempo, conversaciones importantes y otras no tanto. Miento, ninguna importante, y a la vez todas.





Puedo decir que hasta ahora, siempre había estado de vacaciones en Mallorca, pero éste año he ido de vacaciones a Mallorca. Ahora entiendo porqué los turistas siempre vuelven. Siempre.

martes, 14 de julio de 2009

Wiesbaden, ciudad spa


Desafortunadamente no puedo contar demasiado sobre ésta ciudad que me quedé con ganas de conocer mejor, después de perder 2 horas caminando arriba y abajo de las mismas calles buscando una oficina turística o un mapa que nos dijera dónde demonios nos encontrábamos!!! En fin, no me sulfuro... Intentaré plasmar ésta hermosa ciudad lo mejor posible.




Wiesbaden es la capital de Hesse, el estado federado donde vivo yo también, aunque mucha gente cree equivocadamente que es Frankfurt. Es lo que aquí llaman una ciudad balneario, y desde su antigüedad ha sido así, gracias a sus aguas termales. La Kurhaus es el edificio que hoy día alberga el Casino, con su impresionante jardín de estilo inglés; pero antiguamente era lo que los alemanes llaman un "balneario de curas". Un sitio donde uno venía a reposar después de un achaque a la salud, una operación, o simplemente a alejarse del estrés de la ciudad. Progresivamente fueron más los que venían a alejarse del mundanal ruido por un breve espacio de tiempo, y los enfermos fueron relegados a los hospitales.




El casco antiguo es, como repetiré hasta la saciedad, tal y como son todos los cascos antiguos de
las ciudades alemanas: edificios barrocos y renacentistas, calles empedradas, muchos jardines, una Marktplatz, iglesias por doquier, fachwerkhäuser... No difiere mucho del plan original.







Una cosa sí puedo decir con seguridad de Wiesbaden: no se vive nada, pero que nada mal. Para muestra, un botón.











jueves, 9 de julio de 2009

Mainz, la casa de la primera imprenta


En Mainz se pueden ver y hacer tantas cosas que un sólo día, como tuve yo, no da para tanto. Te quedas con ése saborcillo agridulce en la punta de la lengua que te dice que tienes ganas de más.





Mainz es la capital de Renania-Palatinado, al sur-oeste de Alemania, justo en la frontera con Hesse (estado federal donde resido yo actualmente). La primera vez que pasé por Mainz, mi estancia (si se puede llamar estancia a hacer transbordo en autobús) duró varios minutos, no llegando a los escasos 5. Era de noche, y tan sólo pude ver brevemente la estación de tren y las luces en las farolas de la calle, pero ya entonces supo cautivarme para dejarme con la intriga de saber más, conocer más.



Como tantas otras ciudades alemanas que se precien de tener cultura e historia antiguas (la de ésta ciudad se remonta a unos 2000 años atrás), su casco antiguo está totalmente adoquinado y tiene la ventaja de ser exclusivamente para peatones. Sus edificios históricos envuelven sus plazas, sus fuentes, sus farolas de hierro forjado, sus callejuelas, se retuercen una y otra vez sobre sí mismas para que cuando las sigas nunca acabes donde en un principio esperabas; y está todo tan bien empaquetado que al llegar te sientes como desenvolviendo un regalo de cumpleaños perfecto. Se entremezclan sus épocas pasadas, recordándote un glorioso reinado, o quizás imperio: fachwerkhäuser entre edificios de estilo rococó, casas y apartamentos del siglo XX, catedrales, jardines, una iglesia cada vez que te das la vuelta...


La Marktplatz (ya anteriormente he comentado que todas las ciudades de Alemania tienen una propia) es quien alberga la Mainzer Dom, una catedral impresionante y exquisita, que envuelve al visitante en un halo de misterio con sus interminables ventanales que arrojan una luz penumbrosa, sus efigies repletas de calaveras morbosas que parecen sonreírte o guiñarte un ojo si te despistas, escaleras que no se sabe muy bien a dónde llevan, cruces de las que brotan destellos dorados y piedras preciosas que parecen proteger de los males del mundo, órganos monumentales que no se sabe si su función es infundir miedo en los fieles o simplemente ser espectaculares.




Caminando por sus callejuelas de piedras redondeadas por el paso del tiempo, los cascos de caballos y las ruedas de los carruajes, uno se encuentra hermosos jardines coloridos hasta extasiar, el museo de Gutenberg, un teatro moderno en una plaza no tan moderna, fuentes indescriptibles de agua muy fría, y si andas mucho y te guías por una buena intuición, se tiene la suerte de llegar al río. El Rin, con su Theodor-Heuss-Brücke (aquí todos los puentes tienen nombres), sus puertas de entrada y salida que antiguamente sí servían para éste propósito, y los encantadores barquitos y a veces no tanto que te dan un paseo mágico por un módico precio.












Repetiría sin duda la experiencia, para continuar empapándome de su cultura.

miércoles, 1 de julio de 2009

Heidelberg: La Ciudad Real

Heidelberg es la ciudad donde se encuentra el barril de vino más grande del mundo, donde hay un castillo con una torre partida en dos por un rayo, donde se encuentra la primera universidad de Alemania, donde no se sufrieron las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, donde te encuentras una estatua de un Alte Affe (mono viejo) y donde puedes hacer amigos refugiándote bajo un paraguas cuando llueve.

En Heidelberg se pueden ver muchas cosas, entre ellas las más destacadas: el Schloss (castillo), el puente viejo y su puerta monumental tantas veces renovada como destruida por las inclemencias del tiempo, la Iglesia del Espíritu Santo, varias plazas con sendas fuentes o monumentos en su epicentro, la universidad (digna de ver ya que es la más antigua del país), el Grosse Fass o barril grande... Lo que no te cuentan las guías son aquellos pequeños detalles, que además también suelen perderse en la memoria de la gente al relatar su visita a los oyentes, y que son lo que más sabor aporta a tan delicioso plato. Detalles como que en cada esquina puedes oler la historia de una ciudad muy antigua, donde aún quedan resquicios de tiempos inmemoriales en los que los estudiantes eran castigados por sus comportamientos inadecuados en una cárcel habilitada para ello, donde el empedrado de las calles hace resonar en tus oídos los cascos de los caballos que ya hace mucho que no pasan por allí tirando de carruajes, donde llevan la cuenta de hasta dónde llegaba el borde del río como los niños que marcan en la pared cuánto han crecido en los últimos meses. No te hablan del olor que desprenden las piedras de sus calles y sus edificios cuando llueve, de sus residenciales casonas que brillan con luz propia de años de fastuosidad sobre nubes grises de Gewitter (tormenta eléctrica), de los ventanales espectaculares de la Iglesia del Santo Espíritu, de los 303 escalones que debes superar para llegar al siguiente nivel y que se abran ante tí las puertas del castillo. Nadie comenta ése aire de realeza que se puede respirar allá por donde vayas...







Sí, es cierto que la gente hablará del Heidelberger Schloss y su belleza, pero no te comentarán: sabías que tiene una torre que fue partida por un rayo y se conserva intacta en el mismo lugar donde cayó? Sí te contarán del río Neckar, que es un afluente del Rin, y que nace del Danubio, pero nadie te dirá: resulta que el 28 de Diciembre de 1882, día de los Inocentes, el cauce del río llegaba a los 5 metros y 70 centímetros. Todos serán capaces de recordar que en la Marktplatz hay una iglesia, y muchos serán incluso capaces de recordar su nombre, Heiliggeistkirche, pero poca gente sabrá decirte: en el interior verás unos ventanales hermosos, uno de ellos tiene una extraña referencia a E=MC², y además encontrarás una pared de los deseos, donde podrás añadir el tuyo propio.

Heidelberg tiene un encanto doble, el encanto de aquello hermoso a simple vista y monumental, y aquél encanto de las pequeñas cosas, que por suerte a día de hoy cada vez más gente sabe apreciar. Chocolaterías. Tiendas de sussigkeiten (dulces). Charcuterías a rebosar de tantos quesos que la nariz no te da para olerlos todos. Edificios en el que cada piedra puede contarte la historia de su vida. Ventanas con macetas con flores. Casas tan antiguas que sus actuales dueños no recuerdan a los primeros. Relojes de sol. Ruinas no tan ruinosas. La combinación de lo antiguo y lo moderno en completa simbiosis.

jueves, 25 de junio de 2009

Una breve pausa

Hoy de vuelta a la rutina, a la normalidad, a mis días de siempre, que no siempre serán mis favoritos, pero que siempre hacen apreciar más aquellos que se salen de la norma. Vuelvo de Valencia, de una semana de compartir amor, beberlo y exudarlo, mostrarlo a todo aquél que se precie de admirarlo... Vengo de la tierra de la luz, las flores y el amor... Y de éso vengo impregnada.

Apretemos al play de nuevo!

domingo, 7 de junio de 2009

Frankfurt se toma de 2 en 2

Hoy he vuelto a Frankfurt, a hacer un poquito de vida social en compañía de mi (de momento) única compañera de faenas, Susie, otra au pair de la zona, con la que he desarrollado un plan maquiavélico para arrasar todo lo que quede a nuestro alcance del país germano. Un poquito de shopping y después otro tanto de cerveceo nos ha sentado la mar de bien!

He aquí el resultado...


Próxima parada: arrasar también en la noche! Seguiré retransmitiendo desde Alsbach-Hähnlein...

Nota al pie: Hoy sí hemos ido a Alt Sachsenhausen, y no, tampoco ha descolocado nuestro mundo el nuevo descubrimiento... Lo contaremos como una anécdota más!

domingo, 31 de mayo de 2009

Bajo la sombra del cerezo

Ayer por la tarde, bajo un sol de justicia, nos dirigimos Laura, Christoph (su tío) y yo en bicicleta a Zwingenberg, un pueblo de los alrededores, donde la familia tiene una parcela de terreno en la montaña con una pequeña casita de madera, donde cultivan su propio huertecito y tienes árboles frutales. Fuimos a desvalijar el enorme cerezo que te recibe a la entrada, aunque todo hay que decirlo, lo hicimos con cariño y evidentemente cansados por la media hora bajo el sol castigador sobre las bicis. La zona se llama Wingert, que en alemán quiere decir viñedos. Después de vaciar las ramas más accesibles, nos otorgamos un merecido descanso a ratos al sol y a ratos a la sombra, y nos dimos un banquete de cerezas y zumo.

Una vez con las barrigas llenas y descansadas, y la piel borracha de sol y bañada en olor a campo, emprendimos el regreso a casa (ésta vez cuesta abajo), con un gran botín con el que pensamos hacer tarta y mermelada... Un gran día!

viernes, 22 de mayo de 2009

El azúcar es el mejor amigo de la soledad


Después de pasarme dos días completos rodeada de buena gente, conversando, haciéndonos compañía mútuamente, llega el momento de quedarme sola, y mi mejor amigo es una buena tableta de chocolate. O quizá caramelos, gominolas, nubes... Todo en combinación con algunos capítulos de una buena serie, o alguna película que probablemente ya haya visto pero me suba el ánimo. Y es que lejos de casa sienta bien un poco de azúcar para el alma.
Puede ser que vuelva a ver Amélie, que tanto me calienta el corazón... Y que últimamente me siento tan identificada con ella... Con su disfrutar de las pequeñas cosas, con un par de piedras redondas en el bolsillo para tirar al río, con un vaso de vino caliente con canela y galletas, o rompiendo la cáscara de azúcar de la crème brûlée...
Quizá me tumbe en el sofá tapada con una mantita, con la peli preparada, un gran vaso de agua fresquita, y una bolsa de marshmallows para quemar...
Echo de menos nuestro París...
Y quizá, sólo quizá, o quizá muy probablemente, mañana me despierte con ganas de comerme el mundo, con la bicicleta a cuestas, y mi siempre listo tiquet del tranvía, paseando por calles empedradas y en cada esquina una Fachwerk Hause,
tomándome una Weissbier de vez en cuando para refrescarme de éste sol alemán que cada día pica un poco más, bronceando mi piel que me hace echar de menos mi islita natal... que tanto encanto tiene.



(Cuánto más viajo, más quiero a mi isla y a mi gata)

viernes, 15 de mayo de 2009

Bienvenidos a mi ciudad

Darmstadt recibe su nombre por un arroyo que antiguamente zigzagueaba atravesando la ciudad, y dentro de poco volverá a hacerlo.
Darmstadt es también un centro cultural que incluye influencias rusas ortodoxas y mucho Art Nouveau.
Darmstadt tiene también un jardín perteneciente a un príncipe, es la ciudad del castillo de Frankenstein, y es la sede de la TU, una importante Universidad Politécnica, conocida internacionalmente.
A día de hoy, Darmstadt es también mi ciudad.
Cada día voy a la academia donde estudio 4 horas de alemán, junto con otros muchos extranjeros, y después nos concedemos a nosotros mismos la recompensa de conocer cada día un poquito mejor ésta ciudad con tantos encantos escondidos.


Tengo que admitir que he sido hipnotizada por el Herrngarten, por su lago con patos y patitos que se pasean día y noche (y he sido informada de que de noche también se pasean animales nocturnos), sus céspedes llenos de estudiantes en los días de sol, y de palomas en los días de sombra, y sus árboles probablemente centenarios que a veces crean una ilusión laberíntica.


También me ha enamorado, como buena portadora del gen XX, y como fanática de los zapatos, ropa y complementos, su gran zona comercial. A falta de uno, tiene 2 grandes centros comerciales, amén de sus largas calles plagaditas de tiendas en cada rinconcito, a gusto de los variopintos compradores.
Ésta ciudad me ha acogido en todos los sentidos. Me ha dado una pizca extra de sal a mi ya de por sí agitada y sabrosa nueva vida. En éstas calles estoy conociendo a gente, compartiendo confidencias, de vez en cuando alguna comida (a precio de estudiantes en la TU) y alguna weissenbier (un día dedicaré un post a ésta exquisita cerveza alemana), y más de mil y un descubrimientos.

Cada vez que giro cualquier esquina encuentro una nueva maravilla que me hace sonreír de manera inesperada. Ruibarbo, moras, frambuesas frescas se amontonan en las fruterías esperando a que alguien las compre y las convierta en el ingrediente de alguna tarta o pastel. Tiendecitas con escaparates pequeños mostrando lo que aparentemente puedan parecer barajitas viejas, que esconden un gran valor anticuario. Pastelerías y confiterías dedicadas en su mayor parte al chocolate (dulce chocolate...), que descubren ante mí figuras jamás imaginadas construidas con dulces jamás imaginados.
Y en cualquier esquina, o en la cola de cualquier supermercado, miles de porfavores y gracias y nohaydequés y conmuchogustos.

Conclusión: I've fallen in love again!

La ciudad de los perritos calientes

Frankfurt! Hermosa ciudad, moderna, urbanita... Y quizá un poco menos especial de lo que me esperaba.









Puede ser que sea mi visión y también probablemente que el día no acompañaba, pero realmente esperaba mucho más. De todos modos, tiene un cierto encanto que no se lo quita nadie. El casco antiguo con los preciosos edificios antiguos (que no tanto, la mayoría fueron restaurados después de la 2ª guerra mundial), su río y sus muchos puentes, sus rascacielos cosquilleando las nubes...
Como vivo en Alsbach, que está a unos 30 km al sur de Frankfurt, tuvimos que coger el tranvía hasta la estación de Darmstadt, y allí un tren hasta Frankfurt. Pensábamos que era más caro, pero al final resultó bastante barato, ya que compramos un ticket de grupo (máximo 5 personas, aunque con 2 ya lo amortizas) de duración de todo un día. Podíamos usarlo dentro de Darmstadt y también dentro de Frankfurt, para hacer viajes ilimitados. Por 23 euros no está nada mal (11'50 cada uno).
Comimos en un "burrikin", y David se quedó con las ganas de comerse un bratwurst de medio metro...
Paseamos por el distrito financiero, con sus múltiples rascacielos de colores serios y reflectantes... Lástima que no era un día soleadol, de lo contrario puedo imaginar el efecto del sol en las superficies brillantes de los edificios bañando de luz naranja toda la ciudad... Suspiro!
Paseamos también por la zona comercial de Zeil, una zona peatonal con muchos centros comerciales y tiendas conocidas internacionalmente (no podían faltar Zara, C&A, H&M, Mango... y por supuesto un Douglas, como en toda ciudad alemana que se precie!). Tuvimos la mala suerte de ir en un momento en que estaban arreglando la susodicha zona peatonal, por lo que no era todo lo bonito que imagino que puede llegar a ser.
También estuvimos en el Römerberg, el casco antiguo, con sus calles empedradas y tortuosas, que nunca sabes dónde acabarán.











La plaza tiene un algo especial, no se sabe muy bien si por sus edificios, por sus cafeterías, por el edificio del ayuntamiento, o será quizá que huele a historia... La catedral también se encuentra por ésta zona, aunque no pudimos verla entera al estar siendo restaurada... tan sólo nos alcanzó para ver la punta del iceberg.
Como no podía faltar, dimos un romántico paseo por ambos lados del río, que cruzamos por el Eisener Steg, el puente de hierro (creo que de los más bonitos que cruzan el río Main).
Especial meción merece también la estación central (Hauptbahnhof), de la que no hice ninguna foto... Ya tengo la excusa para volver!






Antes de volver fuimos a vaguear por los céspedes del Grüneburgpark, al lado de la Universidad de Goethe. Y hablando del rey de Roma, el hijo pródigo de la ciudad de Frankfurt, también estuvimos en la plaza que lleva su nombre. Nada especial que mencionar, lo siento Johann, nada personal...

De lo único que puedo decir que me quedé con ganas fue de visitar la zona de Sachsenhausen, para tomarme un apfelwine o una weissenbier. Bueno, otra vez será!